El contraste entre la respuesta del Plan Maestro de Aguas Lluvias y el lento avance del Plan Maestro de Transportes ofrece una lección para Chillán: las ciudades necesitan infraestructura, pero también planificación, continuidad y capacidad de anticipación.
Durante los últimos sistemas frontales, la red de evacuación de aguas lluvias respondió de manera eficiente. En los momentos de mayor intensidad, el sistema llegó a transportar hasta 15 metros cúbicos de agua por segundo, contribuyendo a mitigar anegamientos en distintos sectores de Chillán y Chillán Viejo. El resultado no es fruto de la casualidad. Detrás hay una planificación que, aunque ha avanzado con lentitud, ha permitido construir una infraestructura capaz de responder ante eventos meteorológicos cada vez más intensos.
A ello se suman labores preventivas que también resultan fundamentales. La limpieza de compuertas, sifones, sumideros y canales, el retiro de cerca de 10 toneladas de basura, escombros y sedimentos, y la intervención de puntos críticos son acciones que muchas veces pasan inadvertidas cuando todo funciona bien. Pero precisamente esa es la finalidad de la prevención: evitar que una emergencia se transforme en una catástrofe.
El balance no es perfecto. Persisten puntos vulnerables y vecinos que han sufrido el ingreso de aguas a sus viviendas, como ocurrió en sectores de El Emboque. Pero el desempeño general del sistema demuestra que una inversión planificada y ejecutada progresivamente puede generar resultados concretos. La próxima licitación de la Etapa 5, correspondiente al colector de Avenida Ecuador, permitirá seguir avanzando hacia la conclusión de un proyecto que ya alcanza un 70% de desarrollo.
La experiencia debería ser observada con atención por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Porque el contraste con la infraestructura vial es evidente y preocupante.
Chillán enfrenta una expansión urbana sostenida, un parque automotor creciente y una congestión que ya no constituye un problema ocasional, sino una dificultad estructural. Sin embargo, los principales ejes viales llamados a responder a esta realidad continúan atrapados entre diseños, procesos administrativos, restricciones presupuestarias y proyectos heredados de una planificación formulada hace más de una década.
El problema no es que falten diagnósticos. La ciudad sabe desde hace años que necesita mejorar sus conexiones y desarrollar ejes como Vicente Méndez–Paul Harris–Andrés Bello o Los Puelches–Alonso de Ercilla. Algunos de estos proyectos ya eran considerados necesarios hace 15 años. Lo que falta es ejecución.
La explicación presupuestaria es real. El propio Minvu ha señalado que más del 95% de sus recursos están comprometidos en proyectos de arrastre, mientras la reconstrucción habitacional constituye una prioridad ineludible. Pero comprender las restricciones no significa aceptar la postergación indefinida de obras estratégicas. La pregunta que corresponde hacer es si el Ministerio ha sido capaz de ordenar sus prioridades con una mirada de futuro.
El Plan Maestro de Aguas Lluvias muestra que es posible avanzar por etapas, mantener una política de continuidad y mejorar progresivamente la capacidad de respuesta. El Plan Maestro de Transportes, en cambio, aparece como el ejemplo de una planificación que no ha logrado traducirse oportunamente en obras.




