La aprobación ambiental del proyecto fotovoltaico Las Mellizas, en Pemuco, trasciende el monto de una inversión o la capacidad de generación de una planta. Sus US$400 millones, los 300 MW que aportará al Sistema Eléctrico Nacional y el sistema de almacenamiento de 1.200 MWh mediante baterías configuran una iniciativa de gran escala, pero su principal significado para Ñuble está en que confirma un cambio profundo en la posición de la región dentro del mapa energético nacional.
Hasta hace pocos años, Ñuble era principalmente una región consumidora de energía, con una economía sustentada en actividades agrícolas, forestales, industriales y de servicios, pero sin un papel relevante en la generación eléctrica. Esa realidad está cambiando. El parque eólico Chequenes, también emplazado en Pemuco, avanza en su construcción y se convertirá en el primer proyecto de su tipo en la región, con 165 MW de capacidad y una inversión de US$228 millones. A ello se suma ahora Las Mellizas, que tendrá una vida útil estimada de 30 años y una capacidad que multiplicará la presencia de la energía solar en el territorio.
No se trata de iniciativas aisladas. La incorporación de baterías a los nuevos proyectos constituye un elemento especialmente relevante, porque permite enfrentar una de las principales limitaciones de las energías renovables: la intermitencia. El sol no brilla durante todo el día y el viento no sopla con la misma intensidad en todo momento. La capacidad de almacenar energía y entregarla cuando el sistema la necesita aumenta el valor estratégico de estas inversiones y permite avanzar hacia una matriz más limpia y segura.
Para Ñuble, la oportunidad es evidente. La región cuenta con condiciones naturales favorables para el desarrollo de proyectos solares y eólicos, pero también con un territorio que debe ser cuidadosamente protegido. La transición energética no puede transformarse en una nueva forma de extractivismo, en que los beneficios se concentren fuera de la región y los costos ambientales, territoriales y sociales recaigan exclusivamente en las comunidades locales.
Por eso, la aprobación ambiental de Las Mellizas debe ser entendida como el resultado de un proceso que exige el cumplimiento estricto de la normativa y no como una simple carrera por aprobar inversiones. El desarrollo de energías limpias es indispensable para enfrentar el cambio climático, pero precisamente por su importancia debe realizarse con altos estándares ambientales, participación de las comunidades y una adecuada planificación territorial.
También es necesario que estas inversiones generen beneficios duraderos en Ñuble. La construcción de Las Mellizas proyecta alrededor de 150 empleos, mientras que Chequenes ya ha significado oportunidades laborales para habitantes de Pemuco. Son impactos positivos, pero el desafío es que la región no se limite a ofrecer suelo y recursos naturales para que otros produzcan energía. Se requiere fortalecer la capacitación, los proveedores locales y las capacidades técnicas regionales para que una parte creciente de la cadena de valor permanezca en Ñuble.
Ñuble puede estar ante una oportunidad histórica. La energía limpia puede convertirse en un nuevo eje de desarrollo regional, complementario a la agricultura, la industria y los servicios. Pero para que ello ocurra se necesita visión de largo plazo y una estrategia que permita compatibilizar inversión, protección ambiental, empleo y beneficios concretos para las comunidades.




