El rezago de infraestructura eléctrica le está costando caro a Ñuble, pues está perdiendo oportunidades de atraer inversiones. Los datos de proyectos ingresados al Servicio de Evaluación Ambiental durante 2026 así lo confirman, pues el volumen de inversión es el más bajo desde que se creó la región.
Naturalmente, no es el único factor de la sequía de inversiones en Ñuble, pero sí un elemento clave. Sin factibilidad de potencia en la red, que enfrenta numerosos cuellos de botella, no se puede instalar un packing de frutas, no se puede ampliar un aserradero ni se puede construir un conjunto habitacional. Ésa es la realidad en vastos sectores de la región.
Los gremios productivos lo vienen planteando hace años. Afortunadamente, durante la administración anterior se dio un paso clave con la Ley de Transición Energética, que permitió destrabar proyectos emblemáticos, como las ampliaciones de las líneas Charrúa-Chillán y Monterrico-Cocharcas, que tras años de espera, hoy se están ejecutando.
Pero ello no ha sido suficiente y la necesidad de robustecer la red eléctrica en la región sigue siendo prioritaria. Recientemente, la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) Ñuble, hizo un llamado a las entidades responsables a agilizar la ejecución de obras de transmisión eléctrica en la región, advirtiendo que el rezago de infraestructura representa un freno para la inversión y el crecimiento económico. Lamentablemente, por diversos factores, como la compleja obtención de permisos y las dificultades en la coordinación de actores y en la gestión de procesos, los proyectos no han avanzado a la velocidad esperada.
El “Informe de Infraestructura para el Desarrollo Sostenible (IDS) 2026-2035”, presentado por la CChC la semana pasada, identificó que Ñuble requiere una inversión cercana a los US$185 millones en infraestructura de transmisión eléctrica.
Por otra parte, hay un total de 12 proyectos de transmisión eléctrica, por un total de US$326 millones, que están pendientes de ejecutarse y que fueron decretados por la autoridad entre 2021 y 2026. Según el seremi de Energía, dos cuentan con decreto de construcción y las restantes se encuentran en distintas fases de licitación, ingeniería, permisos o desarrollo.
Desde el gremio de la construcción subrayan que el foco debe estar en acelerar la ejecución de los proyectos, lo que significa mejorar las condiciones de las licitaciones para evitar que queden desiertas, agilizar la tramitación de permisos mediante una mejor coordinación entre las instituciones y fortalecer el trabajo temprano con los territorios, incorporando a las comunidades desde las primeras etapas para generar mayor confianza y facilitar el desarrollo de las obras.
En ese sentido, es fundamental que las autoridades regionales asuman este desafío como urgente, que los servicios públicos conversen entre sí para generar una mayor coordinación y que mejore la gestión de los procesos, entre ellos, el relacionamiento con las comunidades. No se trata de saltarse los permisos, sino de que la tramitación de éstos no se extienda en el tiempo por razones burocráticas.
Contar con una red eléctrica robusta y resiliente debe ser un objetivo compartido por todos los actores locales, dado que ello contribuirá decididamente a superar el estancamiento económico que enfrenta la región.



