Señor Director:
A propósito del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, es preciso entender que esta garantía no significa solo ausencia de contaminación: es una condición ética, sanitaria y social para asegurar el derecho a una alimentación adecuada. En Chile, la política alimentaria-nutricional y la política de inocuidad requieren una gobernanza integrada que articule salud pública, agricultura, educación, comercio, medioambiente, fiscalización y consumidores.
La evidencia es clara: las enfermedades transmitidas por alimentos son prevenibles, afectan salud, educación, ingresos y productividad, y su carga no se distribuye equitativamente. Niños, personas mayores y comunidades vulnerables enfrentan más riesgos. Por ello, no basta controlar peligros microbiológicos o químicos, debemos incorporar determinantes sociales, sanitarios y comerciales que condicionan qué alimentos se producen y consumen.
Chile requiere vigilancia con datos oportunos, trazabilidad, laboratorios robustos, educación alimentaria y decisiones basadas en magnitud, efectividad e impacto. La inocuidad debe dialogar con nutrición, sostenibilidad y curso de vida. Aspirar a generaciones con bienestar integral exige alimentos inocuos, nutritivos y culturalmente pertinentes. Pasar de la carga a soluciones es una responsabilidad pública, privada, académica y ciudadana.
Lidia Paz Castillo
Académica Esc. Tecnología Médica UDP




