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Fiscalizar antes que sea tarde

Mauricio Ulloa

Cuando se analiza el desarrollo económico de Ñuble desde su creación como región, resulta evidente que uno de los sectores que ha mostrado un crecimiento más dinámico y consistente es el energético. Lo que hace algunos años parecía una oportunidad incipiente, hoy se ha transformado en una realidad tangible: la región está consolidando una matriz de generación eléctrica basada principalmente en energías renovables, con inversiones que superan los 300 millones de dólares y que proyectan un futuro de mayor competitividad, sustentabilidad y resiliencia.

Los nueve proyectos de generación actualmente en construcción —ocho parques fotovoltaicos y un parque eólico— son una señal concreta de confianza en el potencial de Ñuble para transformarse en un actor relevante dentro de la transición energética que vive el país. Una vez operativos, aportarán 235 MW de potencia nominal, fortaleciendo una capacidad instalada renovable que ya alcanza los 384 MW en la región.

El dato es especialmente significativo si se considera que el 89% de la energía que hoy se genera en Ñuble proviene de fuentes limpias. Se trata de un indicador que posiciona favorablemente a la región en un contexto mundial donde la reducción de emisiones y la lucha contra el cambio climático se han convertido en prioridades estratégicas para los países y sus economías.

La presencia de 34 parques fotovoltaicos en operación y el desarrollo del primer parque eólico regional en Pemuco reflejan una vocación energética que se ha ido consolidando de manera progresiva. A ello se suman iniciativas de almacenamiento mediante baterías, una tecnología clave para enfrentar uno de los principales desafíos de las energías renovables: la gestión eficiente de la producción y el consumo.

El valor de estas inversiones no debe medirse únicamente en términos ambientales. La construcción de infraestructura energética genera empleo, moviliza servicios locales, atrae proveedores y contribuye a diversificar la matriz productiva regional. En una región históricamente vinculada a la agricultura y al sector forestal, el desarrollo energético aparece como un nuevo motor de crecimiento capaz de complementar las actividades tradicionales y abrir oportunidades para nuevas inversiones.

Asimismo, resulta fundamental destacar que el desarrollo de la generación debe ir acompañado de una adecuada expansión de la infraestructura de transmisión. Los proyectos Charrúa-Chillán y Monterrico-Cocharcas constituyen obras estratégicas para asegurar que la energía producida pueda integrarse eficientemente al sistema eléctrico, mejorando además la calidad y seguridad del suministro para hogares y empresas.

El crecimiento energético también plantea desafíos. La planificación territorial, la protección ambiental, la participación de las comunidades y la adecuada distribución de los beneficios son aspectos que deben seguir siendo considerados con seriedad. El éxito de esta transformación dependerá no solo de la cantidad de proyectos que se ejecuten, sino también de la capacidad de compatibilizar desarrollo económico, sostenibilidad y bienestar social

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