En tiempos en que las estadísticas suelen traer noticias preocupantes sobre salud pública, bienestar de los jóvenes o conductas de riesgo, resulta valioso detenerse en aquellas cifras que muestran avances concretos. Los resultados preliminares de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes entregados por el Ministerio de Salud constituyen una de esas noticias alentadoras para Ñuble.
La región se ubicó entre las tres con menor prevalencia de consumo de tabaco en adolescentes de entre 13 y 15 años, registrando un 6,7%, muy por debajo del promedio nacional y distante de las regiones que encabezan este indicador. Más allá de la posición en el ranking, el dato refleja algo mucho más importante: miles de jóvenes ñublensinos están optando por mantenerse alejados de un hábito que sigue siendo una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte en el mundo.
El tabaquismo continúa representando una enorme carga para los sistemas de salud. Su relación con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, cánceres de diversa índole y patologías respiratorias crónicas está ampliamente documentada. A ello se suma el impacto económico y social que genera tanto en quienes consumen como en sus familias y comunidades.
Por eso, cuando una región logra mostrar indicadores favorables entre las nuevas generaciones, corresponde reconocer el trabajo realizado durante años por las familias, los establecimientos educacionales, los equipos de salud y las instituciones públicas encargadas de promover estilos de vida saludables.
No se trata de un resultado casual. Detrás de estas cifras existe una labor permanente de educación, prevención y concientización que ha buscado instalar tempranamente entre niños y adolescentes los riesgos asociados al consumo de tabaco. También hay una legislación cada vez más estricta que ha limitado los espacios para fumar, restringido la publicidad y regulado la venta de productos asociados a la nicotina.
Sin embargo, tan importante como valorar estos resultados es evitar cualquier sensación de triunfo definitivo. La propia encuesta revela que más de un tercio de los adolescentes declara haber estado expuesto al humo del tabaco en sus hogares durante la última semana. Es decir, aunque disminuya el consumo directo, todavía existe una exposición significativa que afecta especialmente a niños y jóvenes.
A ello se suma un desafío emergente que preocupa a las autoridades sanitarias de todo el mundo: la creciente popularidad de los cigarrillos electrónicos y vapeadores. La industria ha sabido adaptar sus estrategias utilizando diseños atractivos, colores llamativos y sabores que buscan captar precisamente a las generaciones más jóvenes. La falsa percepción de que estos dispositivos son inocuos o menos dañinos que el cigarrillo tradicional constituye hoy uno de los principales riesgos para la salud pública.
Las buenas cifras de Ñuble deben ser entendidas como un incentivo para profundizar los esfuerzos y no para relajarlos. Cada adolescente que evita iniciarse en el consumo de tabaco representa una oportunidad de construir una vida más saludable y reducir futuras enfermedades que afectan tanto a las personas como al sistema sanitario. También es positivo observar que la red pública de salud ha comenzado a fortalecer las herramientas disponibles para quienes desean abandonar este hábito. La incorporación de la cesación tabáquica al sistema GES y el seguimiento de personas que buscan dejar de fumar constituyen avances que deben consolidarse en el tiempo.




