Señor Director:
Chile enfrenta una contradicción evidente, las regiones generan gran parte de la riqueza nacional, pero las decisiones estratégicas siguen muy centralizadas en Santiago.
Este modelo es un freno para el crecimiento, la inversión y la innovación.
Mientras países desarrollados fortalecen sus regiones productivas, Chile continúa dependiendo de ministerios y burocracias alejadas de las realidades territoriales.
La descentralización moderna no significa debilitar al Estado, sino hacerlo más eficiente y cercano al desarrollo real. Las regiones deben tener más atribuciones en infraestructura, innovación, turismo, logística, formación técnica y atracción de inversiones.
La Región del Biobío, por ejemplo, posee capacidades industriales, portuarias, universitarias y energéticas que podrían convertirla en uno de los principales polos tecnológicos y productivos, si tuviera más autonomía y capacidad de decisión.
Ningún país desarrollado crece administrando todo desde una sola ciudad.
Chile necesita una descentralización responsable, técnica y productiva, donde las regiones dejen de ser ejecutoras de decisiones tomadas a cientos de kilómetros de distancia. Partamos por definir el Estado descentralizado que queremos.
Jorge Porter Taschkewitz




