El problema vial que afecta al nororiente de Chillán ya no admite soluciones improvisadas ni respuestas parciales. Lo que ocurre en la conexión entre avenida Paul Harris y Andrés Bello refleja una realidad que se repite en distintos sectores de la ciudad: el crecimiento urbano avanza mucho más rápido que la capacidad de planificación y ejecución de las autoridades. Nuevos proyectos inmobiliarios, colegios y centros comerciales han incrementado significativamente el flujo vehicular, transformando una vía provisoria en un paso indispensable para cientos de conductores cada día.
Sin embargo, la apertura de este acceso temporal, habilitado mediante un comodato entre la Municipalidad y Conaf, ha terminado generando nuevos problemas para quienes viven en el sector. Los vecinos denuncian inseguridad, robos, falta de fiscalización, incumplimiento de horarios de cierre y un evidente deterioro del camino. El barro en invierno, el polvo en verano, los hoyos y la ausencia de mantención son señales claras de abandono. Resulta difícil pedir comprensión a las familias afectadas cuando sienten que han debido asumir solas las consecuencias de una medida implementada sin las condiciones mínimas de resguardo y mantención.
Lo más preocupante es que la solución definitiva existe desde hace años, pero continúa atrapada en la burocracia y la falta de decisión política. La propia Conaf confirmó que el proyecto de expropiación del terreno, necesario para consolidar una conexión vial permanente y con estándares adecuados, lleva largo tiempo esperando concreción. Más aún, la institución ha manifestado públicamente su disposición a avanzar en esa dirección, reconociendo que el actual trazado solo constituye una respuesta temporal a un problema crónico de conectividad urbana.
La situación deja en evidencia una preocupante incapacidad para anticipar el desarrollo de la ciudad. Chillán crece, pero sus obras estructurales siguen avanzando lentamente. Mientras tanto, las autoridades continúan dependiendo de soluciones de emergencia, permisos transitorios y acuerdos que se renuevan indefinidamente, sin entregar certezas a los vecinos ni resolver el problema de fondo.
La conectividad del sector nororiente requiere una intervención seria, definitiva y planificada. No basta con camiones aljibe, supresores de polvo o nuevos comodatos. La ciudad necesita infraestructura acorde a su expansión y autoridades capaces de transformar proyectos pendientes en obras concretas. Seguir postergando esta expropiación no solo agrava la congestión vial: también profundiza la sensación de abandono y deteriora la confianza ciudadana en la gestión pública.




