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Testimonial: chillanejas relatan odiseas al volante para sortear la congestión de Chillán en hora punta

El intenso tráfico vial que sufren distintos puntos urbanos de Chillán no solo pone a prueba la paciencia de los chillanejos, sino que afecta la calidad de la vida, ya que las familias deben salir cada año más temprano de sus hogares para llegar a tiempo a destino. Una tarea tan simple como llevar los niños a colegio, o dirigirse a sus lugares de trabajo, se transforma en una odisea, que requiere planificación, control del tiempo de trayecto por tramos, estrategias en caso de imponderables en la ruta e infinita paciencia, todo con el objetivo de no llegar atrasado a destino.

Se trata de trayectos que durante la noche, o en los fines de semana, no tardan más de 10 a 15 minutos de tramo a tramo. ¿En hora punta? Los tiempos se duplican o triplican, incluso llegando, de no salir a tiempo desde sus hogares, a más de una hora de traslado.

La Discusión quiso descubrir a fondo estas aventuras sobre cuatro ruedas, donde las conductoras enfrentan calles y avenidas matutinas de la ciudad como si se tratara de una carrera de regularidad. Circulan a diario por las avenidas Alonso de Ercilla, Vicente Méndez y Parque Lantaño, tres de las zonas más congestionadas de la ciudad, y revelaron sus experiencias en puntos críticos y sus rutinas para evitar la alta congestión vehicular.

Avenida Padre Hurtado, en horario de salida de colegios sufre un “caos vial”.

Relatos que evidencian la urgente necesidad de abordar obras viales pendientes que permitan descomprimir la infraestructura en sectores con alta expansión habitacional. Si bien los proyectos que esperan del Plan Maestro de Transportes del Minvu asoman como las soluciones ideales, debido a la lentitud de esas iniciativas, y ante la amenaza de recortes de financiamiento para que vean la luz, los vecinos apuntan a avanzar, en paralelo, en la apertura de nuevas calles.

Alonso de Ercilla: 20 minutos de viajes sin taco: 45 a la hora de congestión

Cada mañana, Paulina Barra ya tiene organizada la rutina de su hogar. Vive en calle Lomas Blancas, en villa Doña Francisca III junto a su marido y sus dos hijos. De lunes a viernes debe salir de su casa exactamente a las 7.05 de la mañana para evitar quedar atrapada en la congestión vehicular que afecta el sector suroriente de la ciudad, en Avenida Alonso de Ercilla.

Su destino es llegar a tiempo al colegio Seminario Padre Hurtado, donde estudia su hijo Sebastián Riquelme. Aunque el ingreso es a las 7.45 horas, “Pauli” termina llegando cerca de las 7.30. Si sale apenas 10 o 15 minutos más tarde, el viaje cambia por completo y el atraso se vuelve inevitable, llegando a las 7.55 horas.

“Nosotros tomamos Alonso de Ercilla. A esa hora, la congestión no es mucha, porque es demasiado temprano, hay pocos vehículos y no tanta congestión hasta el colegio. Si yo, por ejemplo, salgo a las 7.10 o 7.20 horas, ahí hay bastante taco, sobre todo cuando hay lluvia”, indica.

La rutina familiar comienza mucho antes de subir al automóvil. Paulina y su hijo se levantan a las seis de la mañana para desayunar, tras dejar todo preparado el día anterior.

Paulina Barra sale cada mañana a las 7.05 horas de su casa para trasladar a su hijo desde Alonso de Ercilla.

El trayecto comienza por Avenida Alonso de Ercilla, una de las pocas vías de conexión para cientos de familias que viven en villas ubicadas camino a Las Mariposas. La vecina chillaneja reconoce que la remodelación de Diagonal Las Termas ayudó a aliviar parte del tránsito. “Queda más expedito el flujo vehicular. Antes tendríamos que haber dado la vuelta por Alonso de Ercilla para después tomar Barros Arana. Ahora sigo por Diagonal que me lleva a la variante Collín con Argentina. Y luego sigo derecho hasta avenida Vicente Méndez con República”, indica.

Sin embargo, los problemas reaparecen rápidamente en distintos puntos de la ciudad. Uno de ellos es el entorno del Hospital de Chillán y el colegio Hispanoamericano, en Avenida Argentina.

“En el hospital de Chillán se forma taco y en el Colegio Hispanoamericano, que está en Avenida Argentina, hay un lomo de toro dañado. La calle está mala, porque hay hartos hoyos, lo que implica reducir la velocidad, para evitarlos y no dañar el vehículo”, alerta.

Las intersecciones más complejas, asegura, siguen siendo Alonso de Ercilla con Diagonal Las Termas, donde el flujo vehicular prácticamente se detiene en horario punta.

“Esas son las calles más complicadas, donde hay bastantes autos y no avanzamos nada. Lo que pasa es que vivo en la villa Doña Francisca III, pero más allá hay villas y colegios en camino a Las Mariposas. Por ejemplo, mi hija va a la Universidad Adventista y si ella entra a las 8, tiene que salir a las 7 a tomar la micro, porque también se forma taco hacia arriba, en ambos sentidos, porque es la única vía”, explica.

Gracias a su organización logra llegar entre las 7.25 y las 7.30 horas al establecimiento educacional de Av. Padre Hurtado. Aun así, considera que el problema de fondo es la falta de alternativas viales en el sector.

“Creo que si tuviera otra vía donde pudiera salir más expedito, no tendría que salir a las siete de la mañana, porque salgo a esa hora para evitar los tacos. Por ejemplo, perfectamente me demoro de aquí al colegio 25 minutos. Podría salir a las 7.15. Pero no puedo por el taco. Aunque estén los carabineros, igual, de repente se forma taco porque hay muchos vehículos”, afirma.

De regreso a su casa, Paulina aprovecha la alternativa del puente Doña Rosa que ayudó a descongestionar parte del tránsito.

“Yo lo ocupo cuando vengo de regreso. Después de dejar a ‘Seba’ en el colegio, doy la vuelta y tomo Vicente Méndez, sigo por la calle Chacabuco y llego a Camino San Bernardo, luego a la calle Cerro Aracar para salir a los semáforos de la Avenida Circunvalación, ahí está más expedito”, dice.

Pese a las dificultades del tránsito, descarta completamente utilizar transporte público o bicicleta como alternativa. “La micro da una vuelta, pasando por otras villas y poblaciones. Por lo tanto, tendría que salir mucho más temprano para llegar a la hora. Tampoco dejaría a mi hijo cerca del colegio. La bicicleta me queda muy lejos. A las siete está oscuro”, reconoce.

Para ella, la solución pasa por ampliar las conexiones viales o vías exclusivas para los taxibuses hacia el sector oriente y suroriente de Chillán, especialmente para quienes más allá de Doña Francisca III.

“La solución es que habiliten más vías que conecten, por ejemplo, directo con la Avenida Argentina. Que haya más opciones que uno pueda tomar para llegar a las avenidas principales de Chilla. Yo vivo en doña Francisca III, pero hay gente mucho más arriba. Ellos tienen que pasar por acá y recién aquí en doña Francisca III, puede tomar dos opciones de vía”, aclara.

Si bien en algún momento como familia evaluaron cambiar de domicilio, ahora no es una posibilidad dado que su casa es propia.“Esta casa es de nosotros y arrendar en otro lugar igual nos complica porque los arriendos están muy caros”, concluye.

Vicente Méndez: 45 min con taco; 15 minutos sin

Alejandra Ramírez vive en el sector Jardín del Este, en camino a Coihueco, continuación de Avenida Vicente Méndez. De lunes a viernes debe salir a las 7.05 horas rumbo al Instituto Santa María, lugar donde trabaja como educadora y estudian tres de sus cuatro hijos.

Para salir temprano su familia debe dejar todo preparado el día anterior, es decir, las mochilas y el desayuno organizado.

“Si salgo después de esa hora, el trayecto puede aumentar fácilmente a 45 minutos o más, cuando en condiciones normales no debería tomar más de 15 minutos. Incluso los fines de semana el trayecto se hace en 10 minutos”, comenta.

Tras su salida, relata, ya hay congestión en el exterior y el “taco” se viene desde antes del cruce a Cato, hacia Chillán. “El flujo vehicular ha aumentado muchísimo en los últimos años”, añade.

En su caso hay muy pocas alternativas para sortear el tráfico, solo salir a tiempo para avanzar con relativa fluidez. “Mi recorrido habitual es por Camino a Coihueco, que en la esquina de Andrés Bello luego se transforma en Vicente Méndez; continúo por Avenida Ecuador, bajo por calle Carrera y llego hasta Gamero, donde estaciono”, detalla.

En su recorrido por esta área urbana, reconoce que los puntos críticos de saturación vehicular son Vicente Méndez con Avenida Andrés Bello, y la misma avenica con Paul Harris.

“Solo desde mi casa hasta el semáforo de Vicente Méndez con Andrés Bello puedo demorar cerca de ocho minutos”, revela, y agrega que para los que salen por esa calle desde la Villa Emmanuel el infierno es similar.

No obstante, el punto más crítico para los conductores que se acercan hacia el centro de Chillán a esa hora es el sector del Colegio Concepción. “En horario punta, el taco llega incluso hasta el Mall Vivo. Los autos no se mueven por largos minutos. Es evidente que el flujo vehicular asociado al colegio impacta enormemente el tránsito del sector. De hecho, cuando suspendieron clases o estuvieron en paro, la disminución de vehículos se notó considerablemente y la congestión se acabó”, enfatiza.

Al transitar por las vías, Alejandra, advierte que las condiciones son regulares, lo que dificulta la circulación y ralentiza la conducción.

“Hay muchos baches, especialmente en el sector cercano a la Universidad de Concepción, además de pavimento irregular en varios tramos”, puntualiza.

Hacia su sector prácticamente no llega transporte público, por lo tanto, debe utilizar su vehículo particular. “A pesar de la gran cantidad de viviendas, no existen recorridos adecuados de micro ni colectivos suficientes, lo que obliga a muchas personas a depender del automóvil”, dice.

Alejandra admite que el intenso tráfico vial afecta la calidad de vida de su familia. “Me obliga a levantarme muy temprano y a llegar cerca de 40 minutos antes a mi trabajo, simplemente para asegurarme de no atrasarme y sortear el taco. Cada año el problema empeora. Cada vez hay que salir más temprano para recorrer una distancia que, sin congestión, no toma más de 15 minutos. Si esto continúa así, en tres o cuatro años más tendremos que salir una hora y media antes del horario de ingreso”, expone.

Al igual que en otros puntos de la ciudad, la inversión privada avanza rápidamente, mientras que la infraestructura vial va quedando obsoleta.

“La doble vía en Vicente Méndez, desde Avenida Argentina hasta el cruce a Cato es urgente. No podemos seguir esperando mientras la congestión aumenta año tras año. El crecimiento del sector ha sido enorme, pero la infraestructura vial sigue siendo prácticamente la misma”, manifiesta.

Parque Lantaño: 40 minutos de viaje al colegio y trabajo

Al igual que los sectores mencionados, Parque Lantaño también ha experimentado un crecimiento habitacional con una infraestructura vial insuficiente para soportar el tráfico vial en horaria punta. A lo que se suma el paso del tren, en el cruce ferroviario, durante 5 o 10 minutos, que incrementa las esperas de los automovilistas sobre un pavimento defectuoso que enlentece la circulación.

Maricarmen Vergara reconoce que la llegada de nuevos conjuntos habitacionales ha complejizado el tránsito, obligando a los residentes a salir más temprano de lo habitual para no sufrir retrasos en el viaje.

A las 7.05 de la mañana debe salir, junto sus hijos, Ignacia y Francisco, desde el pasaje Óscar Olivares de la Villa Padre Hurtado rumbo al colegio y luego a su trabajo en el Cesfam San Ramón Nonato, donde ejerce como trabajadora social. Salir en ese horario implica un trayecto 20 minutos en dirección al colegio y 20 minutos más hacia su lugar de trabajo, donde arriba a las 7.50 hrs.

“Por la calle principal, que es la Avenida Parque Lantaño, lleno. No te dejan salir. Así que tengo que transitar por Las Rosas, pero igual está lleno. Hay un semáforo que mejora bastante el flujo. Porque cuando uno sale, por esas calles interiores, te encuentras con ambas villas llenas de autos y no te dejan pasar. Salgo por la Avenida Las Rosas, atravieso la línea del tren y sigo por Avenida Ecuador hasta avenida Francia y luego hacia la Av. Padre Hurtado rumbo al colegio. Eso me permite llegar a las 7.25 horas”, describe.

Cuando llega al establecimiento deja a sus hijos en la intersección de Av. Padre Hurtado con Pedro de Valdivia, donde existe un paso de cebra y la presencia de un carabinero regulando el tránsito, ya que ingresar al estacionamiento del recinto le implica una demora de unos 10 minutos adicionales, que pueden afectar su llegada a tiempo a su trabajo.

“Ellos bajan solos y continúo por esa calle hasta Quilamapu. Luego sigo por La Espiga, continúo por Manuel Rodríguez y tomo Cancha Rayada en dirección a Avenida Ecuador. Ese trayecto también es un tema, porque las casas están muy apegadas a la calzada. Entonces, tienes que acercarte con cautela para ver si se puede cruzar y cuesta mucho salir”, relata.

Las esquinas de Parque Lantaño con Ruiz de Gamboa, además de Cancha Rayada con Diego de Almagro y Sotomayor, concentran nudos viales en horas peak.

Vecinos advierten que la expansión habitacional de Parque Lantaño demanda una nueva conexión con el sector oriente.

“Las intersecciones más complejas son Parque Lantaño con Ruiz de Gamboa, porque te encuentras con gente de frente, gente que vira para ambos lados. Ese semáforo está mal hecho. Además, me cuesta mucho salir de Cancha Rayada porque circulan vehículos, en ambos sentidos, y las casas están muy cerca de la calzada. Esa intersección es muy peligrosa y todos los días hay riesgo de accidente”, recalca.

“Mary” reconoce que no utiliza la red de transporte público de su sector por distintas razones. “Cuando uno tiene niños, es difícil que uno pueda andar en una micro o en un colectivo, porque es mucho más cómodo en vehículo. Cuando somos muchos en la casa, al final no sale barato”, puntualiza.

Los tacos en la ciudad no solo ponen a prueba la paciencia de los conductores, sino también agobian y afectan la calidad de vida de Maricarmen y el resto de sus vecinos.

“Tenemos que hacer un esfuerzo mayor para llegar más temprano. Lo otro es tanta cantidad de vehículos que tampoco podemos dejar que los niños se muevan solos. También les está quitando a ellos la libertad de poder moverse”, expresa.

La solución pasa por crear nuevos accesos viales que permitan descomprimir el sector en calle Camino Las Rosas para conectar con Av O’Higgins o Panamericana norte. “Debería haber una calle que salga por el Jumbo, por ejemplo. Esa calle no la han arreglado nunca. Una calle que salga de la calle La Rosas derecho hacia allá. Que haya otro acceso. Que los edificios no salgan por la calle principal. Eso mejoraría, por lo menos, para el sector de nosotros, un montón. Pero si tú entras por la calle Las Rosas hasta el final debía haber otra calle que llegue a la Avenida O’Higgins. Porque con la cantidad de departamentos que hay, y cuando entreguen los nuevos, va a ser peor. Vamos a estar años en el tema del paso bajo nivel. Y qué va a pasar durante todos esos años, van a ser por lo menos unos 5 o 6 años que vamos a estar con esa obra, ¿por dónde vamos a salir? Por lo tanto, se debe apuntar a ejecutar calles más rápidas”, asevera.

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