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Recambio de calefactores

Seremi de Medio Ambiente

El nuevo llamado al Programa de Recambio de Calefactores para Chillán y Chillán Viejo confirma que la descontaminación atmosférica sigue siendo uno de los mayores desafíos sanitarios y ambientales de Ñuble. La extensión de esta política pública durante 2026, justamente cuando se cumplen 11 años de vigencia del actual Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA), constituye una señal necesaria hacia la postulación de tecnologías menos contaminantes, como el aire acondicionado y los calefactores a pellet. Sin embargo, también obliga a realizar una evaluación honesta respecto del ritmo de avance alcanzado y de las brechas que aún persisten.

Cuando el PPDA comenzó a implementarse, uno de sus compromisos emblemáticos fue concretar el recambio de 20 mil calefactores en una década. La meta respondía a una realidad evidente: la contaminación del aire en la intercomuna tiene su principal origen en la combustión residencial a leña, especialmente durante otoño e invierno. No se trataba solo de una política ambiental, sino también de una medida de salud pública, considerando el impacto del material particulado fino sobre adultos mayores, niños y personas con enfermedades respiratorias.

Sin embargo, a 11 años de iniciado el programa, la cifra de recambios apenas supera las 11 mil unidades. Aunque el avance no es despreciable y ha contribuido efectivamente a disminuir emisiones, resulta evidente que el cumplimiento ha marchado mucho más lento de lo comprometido originalmente. En términos concretos, significa que miles de familias siguen dependiendo de sistemas altamente contaminantes, no necesariamente por falta de conciencia ambiental, sino porque aún no cuentan con alternativas accesibles y sostenibles para calefaccionarse.

El problema adquiere mayor relevancia en medio de la discusión del nuevo Plan de Descontaminación Atmosférica para el Valle Central de Ñuble, que incorpora el debate sobre una eventual restricción progresiva al uso de la leña. La discusión es legítima y necesaria, especialmente frente a episodios críticos de contaminación que afectan cada invierno a 13 comunas de la región. Pero cualquier medida que avance hacia la disminución o eliminación gradual de la leña debe ir acompañada de soluciones concretas, masivas y económicamente viables para las familias.

No basta con prohibir o restringir. El Estado debe garantizar condiciones reales para la transición energética domiciliaria. Y eso implica acelerar de manera mucho más decidida el recambio de calefactores, aumentar los recursos disponibles, simplificar los procesos de postulación y ampliar la cobertura territorial y social del programa. De lo contrario, el riesgo es trasladar el costo de la descontaminación a hogares que muchas veces no tienen capacidad económica para asumir nuevas tecnologías, incluso considerando los copagos actuales.

La contaminación atmosférica no puede seguir abordándose únicamente desde la fiscalización o las restricciones. Se requiere una política pública coherente, gradual y socialmente justa. El recambio de calefactores ha demostrado ser una herramienta útil, pero insuficiente en su velocidad de implementación. Si el país pretende avanzar hacia un escenario donde la leña pierda progresivamente protagonismo, entonces el recambio debe dejar de ser un programa limitado y transformarse en una verdadera política de transición energética para el sur de Chile.

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