Close

Necesaria prevención

Mauricio Ulloa

Cada invierno pone a prueba la capacidad del Estado, de los municipios y de las propias comunidades para responder a las emergencias derivadas de las lluvias, las nevadas y las crecidas de ríos. Pero más importante aún que la reacción frente a la catástrofe, es la preparación previa. Es por eso que la Operación Invernal 2026 presentada por el MOP para la Región de Ñuble representa una señal necesaria: anticiparse antes que lamentar.

La magnitud del plan da cuenta de una comprensión más realista de los riesgos que enfrenta la región. Más de 18 mil millones de pesos en inversión, 140 maquinarias desplegadas, monitoreo permanente de cauces y 531 obras preventivas constituyen un esfuerzo relevante, especialmente considerando que Ñuble concentra una geografía particularmente vulnerable en sectores cordilleranos y precordilleranos, donde las lluvias intensas, las nevadas y los deslizamientos suelen provocar aislamiento y daños severos a la conectividad.

El anuncio se enmarca en los pronósticos internacionales que advierten sobre un eventual fenómeno de El Niño de alta intensidad durante este año. La experiencia demuestra que estos eventos climáticos no solo incrementan las precipitaciones, sino que también exponen las debilidades estructurales de ciudades y zonas rurales: sistemas de evacuación de aguas insuficientes, caminos deteriorados, urbanizaciones emplazadas en áreas de riesgo y cauces intervenidos sin planificación adecuada.

Por ello, la prevención no puede entenderse únicamente como una respuesta estacional. Debe asumirse como una política pública permanente. Resulta positivo que el Ministerio de Obras Públicas haya identificado casi 400 puntos críticos reportados por los municipios y que una parte importante ya cuente con soluciones o monitoreo. Sin embargo, la reiteración de los mismos problemas año tras año demuestra que aún existe una deuda importante en infraestructura resiliente y planificación territorial.

En Ñuble, los temporales no pueden ser considerados episodios excepcionales. El cambio climático ha alterado los patrones tradicionales y obliga a pensar con una lógica distinta. Las lluvias intensas concentradas en pocas horas, las crecidas súbitas y la erosión de riberas son fenómenos cada vez más frecuentes. Esperar que la emergencia ocurra para recién coordinar recursos es una práctica que el país no puede seguir normalizando.

La inversión anunciada por el MOP apunta en la dirección correcta porque pone el foco en la anticipación. La conservación de caminos, el refuerzo de riberas, el monitoreo hidrométrico y la disponibilidad inmediata de maquinaria son medidas concretas que pueden marcar la diferencia entre una contingencia controlada y una crisis mayor.

También es momento de avanzar hacia una mirada más profunda. La prevención requiere fortalecer la planificación urbana, restringir construcciones en zonas inundables, mejorar los sistemas de evacuación de aguas lluvias y promover una cultura ciudadana de preparación frente a eventos climáticos extremos. No basta con reaccionar eficientemente; el verdadero desafío es reducir progresivamente la vulnerabilidad de nuestros territorios.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top