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Siembra de cristal: el libro que rescata la memoria azucarera en medio del fin de una era

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Hay historias que se escriben desde la nostalgia. Otras, en cambio, parecen adelantarse a su tiempo. Como si intuyeran que aquello que relatan está a punto de desaparecer. Eso ocurre con “Siembra de cristal”, el libro de la periodista chillaneja Consuelo Ferrer Durán, que será presentado este 16 de mayo en el Centro Cultural Hojalata. Una obra que, desde la memoria personal, reconstruye la vida de su padre, Vicente Ferrer, trabajador de Iansa durante más de seis décadas, pero que inevitablemente dialoga con una noticia reciente que remeció a la zona.

El anuncio de la empresa (que dejará de comprar remolacha a partir de la temporada 2026-2027 para enfocarse en la refinación de azúcar importada) no forma parte del libro. Sin embargo, lo rodea. Lo resignifica. Lo vuelve aún más urgente. Porque lo que “Siembra de cristal” reconstruye no es solo la historia de un padre, sino la de una cultura productiva que marcó a generaciones.

Vicente Ferrer trabajó 61 años en la industria azucarera, desde los 19 hasta los 80. Su vida estuvo ligada a la fábrica y a una comunidad que creció en torno a ella. Su ropa, recuerda su hija, olía siempre a remolacha. Sus compañeros lo despidieron como a uno de los suyos: pidieron que la carroza fúnebre pasara por la planta antes de llegar al cementerio. Meses después, instalaron una placa en su honor.

En ese gesto colectivo aparece una de las claves del libro: la construcción de una memoria compartida. A través de entrevistas, fotografías, recorridos y recuerdos, la autora levanta lo que define como un “padre colectivo”, una figura que no solo le pertenece a su familia, sino también a un territorio y a una forma de vida.

“Es emocionante para mí que este libro se presente en la ciudad donde nací y crecí, y donde viví todo lo que cuento en él. Esta es una historia profundamente local y por eso era prioritario para mí volver. Mi padre era una especie de celebridad, o eso sentía yo cuando era niña y lo acompañaba al centro o al mercado y me daba cuenta de que conocía a todo el mundo. Siempre pensé que su funeral iba a ser a catedral llena, pero por causa de la pandemia eso no pudo ocurrir. Escribir este libro fue como hacerle ese rito que se merecía”, dice la autora.

El texto (a medio camino entre la crónica y la autobiografía) no solo narra la vida de Vicente, sino también el mundo que lo rodeaba: los asados en la fábrica, la organización de clubes, los viajes para evaluar tecnología industrial, y esa red de relaciones humanas que convertían el trabajo en comunidad.

Ese mundo, hoy, comienza a transformarse. La decisión de Iansa impacta a miles de personas ligadas a la cadena productiva de la remolacha en la zona centro-sur del país: agricultores, transportistas, trabajadores. Pero también marca el cierre de un ciclo identitario.

Porque, como recuerda el propio libro, el azúcar chilena tenía una particularidad: nacía de la tierra. De un tubérculo. No de la caña importada que ahora dominará el proceso. Esa diferencia, que parecía técnica, se vuelve simbólica. En ese contexto, “Siembra de cristal” adquiere otra dimensión. Ya no solo como un ejercicio de duelo o de memoria familiar, sino como un registro de aquello que comienza a desaparecer.

Ese registro se expande en las páginas del libro. Y ahora también en su presentación en Chillán, donde la autora dialogará con la abogada Beatriz Llanos en un conversatorio abierto al público. Ahí, en ese cruce entre literatura, memoria y contingencia, aparece la fuerza de esta historia.

Porque mientras la industria cambia y redefine su futuro, hay relatos que se encargan de resguardar lo que fue. Y a veces, sin proponérselo, llegan justo a tiempo.

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