Señor Director:
La encuesta Cadem sobre inteligencia artificial deja una señal inquietante: Chile está adoptando esta tecnología más rápido de lo que la comprende.
Que 69% declare usar IA en la vida cotidiana y que 28% incluso le haya confiado problemas personales no habla solo de masificación. Refleja también una creciente confianza en sistemas opacos, sin una alfabetización suficiente para entender sus límites, sesgos y riesgos.
El desafío no es solo regulatorio, sino también social. La expansión de la IA puede profundizar la brecha digital de la tercera edad, que ya enfrenta dificultades de acceso, uso y habilidades. Pero el riesgo no se limita a los mayores: jóvenes y adultos conectados utilizan estas herramientas sin criterios claros para verificar información, resguardar datos o dimensionar su impacto en la educación, el trabajo y la vida diaria.
Chile ha avanzado, pero aún de forma insuficiente. La política nacional reconoce alfabetización digital, aunque no específicamente en inteligencia artificial. Y mientras la Ley de Datos Personales no entra en vigencia y la regulación de IA sigue en trámite, la adopción avanza sin guía.
Por eso, más que entusiasmo tecnológico, se requiere una política de Estado intersectorial —educación, telecomunicaciones, trabajo, desarrollo social y vejez— orientada a formar ciudadanía crítica. De lo contrario, la IA no reducirá desigualdades: las hará más complejas.
Luciano Ahumada
Decano (I) Fac. Ing. y Ciencias UDP.




