Señor Director:
Chile no está en crisis por falta de recursos. Está en crisis por algo más profundo, se volvió un país líquido.
El sociólogo Zygmunt Bauman lo explicó hace años, cuando todo es inestable: la salud, el trabajo, la educación, la política y las relaciones, las sociedades dejan de construir futuro y comienzan simplemente a sobrevivir.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo en Chile. Tuvimos durante décadas una promesa implícita: estudiar, trabajar, progresar. Hoy esa promesa está rota. El empleo ya no es estable, la mala educación no garantiza movilidad y el Estado, cada vez más grande para dar empleos, es incapaz de entregar buenos servicios y certezas.
Se nos dijo que el crecimiento resolvería los problemas. Luego, que el Estado los resolvería. Hoy sabemos que ninguno de los dos, por sí solo, es suficiente.
El resultado es una sociedad donde el sistema completo esté fallando.
Mientras tanto, la política sigue atrapada en lo inmediato, reformas sin continuidad, discursos sin sustancia, promesas sin respaldo y políticos egoístas.
Chile no necesita más parches. Necesita solidez en la educación, para formar personas capaces de adaptarse sin perder rumbo. Solidez en el Estado, no para crecer siempre, sino para gastar, invertir y funcionar bien. Solidez en la economía, para volver a invertir, innovar y crear empleos de calidad.
Sobre todo, Chile necesita recuperar algo que ha perdido, la idea de proyecto común. Sin eso, todo se vuelve transitorio. Todo se vuelve reemplazable. Todo se vuelve líquido. Y un país líquido no se desarrolla. Solo se desliza.
Jorge Porter Taschkewitz



