El reciente estudio que descarta, en el escenario actual, la viabilidad de vuelos comerciales en el aeródromo Bernardo O’Higgins de Chillán representa un balde de agua fría para las legítimas aspiraciones de conectividad aérea de la Región de Ñuble. Durante años, la posibilidad de contar con vuelos regulares ha sido vista como un paso natural en el proceso de consolidación regional, más con un destino turístico de proyección internacional, como las Termas de Chillán. Sin embargo, los datos son claros: la demanda proyectada y los beneficios sociales no justifican hoy una inversión pública cercana a los 30 mil millones de pesos.
Lejos de interpretarse como un portazo definitivo, este diagnóstico debe asumirse como un ejercicio de responsabilidad y una oportunidad para encauzar adecuadamente las expectativas. Persistir en iniciativas de alto costo sin sustento técnico no solo compromete recursos escasos, sino que también puede generar frustración ciudadana. La claridad entregada por el estudio permite ordenar el debate y enfocar los esfuerzos en una estrategia más realista y sostenible.
El propio informe abre una puerta que no debe ser ignorada: la posibilidad de desarrollar operaciones aéreas de tipo charter, aunque con restricciones debido a las limitaciones técnicas del aeródromo. Si bien esta alternativa no satisface plenamente las expectativas de conectividad regular, sí constituye un punto de partida concreto para dinamizar el uso de la infraestructura aérea y comenzar a construir una demanda efectiva.
En paralelo, el camino más sensato apunta a un mejoramiento progresivo de la infraestructura y de las condiciones operativas del recinto. Inversiones graduales, bien focalizadas, pueden elevar los estándares del aeródromo y hacerlo más atractivo para eventuales operadores. Pero esto no será suficiente si no se avanza también en generar los incentivos adecuados para aumentar la demanda: desarrollo productivo, promoción turística, fortalecimiento del tejido empresarial y mejor integración territorial.
La conectividad aérea no se instala por decreto, sino que responde a dinámicas económicas y sociales que deben ser cultivadas. En ese marco, el desafío es de largo plazo y requiere coordinación entre el sector público y privado.
Así, este estudio no cierra una puerta, sino que delimita el terreno sobre el cual se debe construir. La aspiración de contar con vuelos comerciales en Chillán sigue vigente, pero su concreción dependerá de la capacidad de la región para crecer, atraer inversión y demostrar, con hechos, que esa demanda puede sostenerse en el tiempo.
Solo entonces será posible cumplir con los exigentes criterios de rentabilidad social y transformar este anhelo en una realidad




