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La zanja que no alcanza

Presidencia

Señor Director:

En el papel, el proyecto de “La Zanja” en la frontera norte de Chile suena firme, casi tranquilizador. Orden, control, soberanía. Palabras grandes. Pero cuando uno baja del discurso a la tierra al polvo, a la pala, al presupuesto la historia cambia.

Se habla de avanzar 30 kilómetros por año. Treinta. En una frontera que supera los 1.200 kilómetros. Hagamos la cuenta simple: en cuatro años, 120 km. En diez, 300. Y recién en 40 años, todo completo. ¿Quién gobierna en 40 años? La verdad es que suena menos a solución urgente y más a una obra eterna.

Y es que no es solo el tiempo. Está la plata. O mejor dicho, la incertidumbre. Desde el propio Ministerio de Obras Públicas se ha admitido que no hay cifras claras ni para construir ni para mantener. Porque no es solo cavar una zanja: después vienen mallas, muros, vigilancia, reparaciones. El desierto desgasta todo.

Además, el contexto no ayuda. Se habla de restricciones, de que no alcanza. Entonces, ¿cómo encaja un proyecto largo, caro y lento? Cuesta verlo. Más aún cuando en cuatro años apenas se verían tramos aislados.

Aquí aparece la distancia entre promesa y realidad. La zanja parece más un gesto potente que una solución concreta. Porque una política pública se mide por resultados, no por intención.

Entonces la pregunta no es si se puede hacer, sino si tiene sentido hacerlo así. Y hoy, la respuesta suena más a duda que a certeza.

Ricardo Rodríguez Rivas

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