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Urgente sincronización

Mauricio Ulloa

La descoordinación de los semáforos en Chillán se ha transformado en un problema estructural que impacta directamente la calidad de vida urbana. Las denuncias ciudadanas, respaldadas por diagnósticos técnicos, evidencian un sistema que hoy opera fragmentado, sin sincronía y sin la capacidad de responder de manera eficiente a las dinámicas del tránsito.

El origen de esta situación fue revelado por La Discusión: la red de fibra óptica subterránea que conecta los semáforos presenta daños severos producto de múltiples intervenciones viales acumuladas en el tiempo. A ello se suma un elemento crítico: la ausencia de un contrato de mantención que permita reparar de forma sistemática estas conexiones. El resultado es un sistema que, en gran parte de la ciudad, ha dejado de operar de manera integrada.

Las consecuencias son profundas. La falta de sincronización elimina la posibilidad de generar tránsito fluido. En su lugar, aparecen cuellos de botella, tiempos de viaje más extensos y una experiencia de conducción marcada por detenciones constantes. Este funcionamiento irregular no solo incrementa el consumo de combustible —que puede aumentar hasta en un 40%—, sino que también acelera el desgaste de los vehículos y eleva significativamente las emisiones contaminantes, afectando la calidad del aire y la salud pública.

El impacto no termina ahí. La seguridad vial también se ve comprometida. La impaciencia de los conductores, generada por tiempos mal calibrados o secuencias incoherentes, puede derivar en conductas de riesgo, como el cruce en luz roja o maniobras indebidas, con el consiguiente aumento en la probabilidad de accidentes.

Los testimonios de usuarios en distintos puntos de la ciudad —desde Parque Lantaño hasta el eje de Avenida Ecuador— reflejan una realidad transversal: intersecciones colapsadas, tiempos insuficientes de luz verde y una sensación generalizada de desorden. A ello se suman los relatos de conductores del transporte público y privado, quienes coinciden en que la descoordinación es evidente y persistente.

El diagnóstico, además, no es reciente. Desde su origen, según testimonio del asesor en tránsito del municipio, la red de semáforos en Chillán presentó omisiones relevantes, como la falta de una sala de control operativa que permitiera gestionar el sistema de manera centralizada. Con el tiempo, las fallas se acumularon, la infraestructura se deterioró y hoy más de 40 intersecciones presentan problemas de comunicación. En términos simples, los semáforos dejaron de “hablarse” entre sí.

Frente a este escenario, el anuncio de obras para reparar la red de fibra óptica hacia fines de este mes constituye una señal positiva, pero insuficiente si no se aborda el problema en su totalidad. La reposición de las conexiones debe ir acompañada de un sistema de mantención permanente y de una gestión moderna que incorpore tecnologías capaces de evitar futuros colapsos.

La experiencia de otras ciudades demuestra que es posible avanzar hacia sistemas de control en tiempo real, con mejoras concretas en los tiempos de desplazamiento. Chillán no puede seguir operando con soluciones parciales ni respuestas tardías.

La ciudadanía ya ha expresado su malestar. Ahora corresponde a las autoridades actuar con la misma claridad y, sobre todo, con urgencia. Recuperar la sincronización de los semáforos no es solo una mejora técnica: es una condición básica para garantizar movilidad, seguridad y calidad de vida en la ciudad.

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