Señor Director:
En Chile tenemos un problema recurrente: se habla mucho, pero se resuelve poco. La reciente columna en el cuerpo de Economía y negocios de un matutino es un buen ejemplo de ello. Abunda en conceptos como “épica del sacrificio” o “estoicismo”, pero evita lo esencial: ¿qué decisiones concretas deben tomarse y con qué impacto?
La economía no funciona con metáforas. Funciona con números, incentivos y resultados. El debate sobre los subsidios a los combustibles es simple, son caros, regresivos y mal focalizados. Diversos estudios muestran que una parte importante de estos beneficios termina en los sectores de mayores ingresos, que son quienes más consumen energía. Mantenerlos no es justicia social, es mala política pública. Pero criticar no basta. Gobernar exige elegir.
Primero, eliminar gradualmente los subsidios universales en un plazo definido, por ejemplo 24 meses. Segundo, redirigir esos recursos a transferencias directas focalizadas en el 40% más vulnerable. Tercero, transparentar el costo fiscal real de cada medida para que la ciudadanía entienda qué se gana y qué se pierde.
Eso es política responsable, priorizar. Toda decisión implica costo de oportunidad. Cada peso destinado a subsidiar a quienes no lo necesitan es un peso que no llega a salud, educación o seguridad.
El verdadero problema no es la “épica del sacrificio”. Es la falta de decisiones claras, medibles y evaluables. Chile no necesita relatos. Necesita resultados.
Jorge Porter Taschkewitz




