Señor Director:
La discusión en torno al funcionamiento del comercio durante Viernes Santo no debiera agotarse a una pregunta sobre apertura, cierre o ventas. En Chile, aunque sea feriado, personas de diversas industrias como minería, salud o turismo, igual tienen que trabajar. El punto de fondo es más profundo: qué lugar se le reconoce, dentro de la vida laboral, a la dimensión espiritual de las personas.
Viernes Santo es un día central en la vivencia de la fe cristiana. Tiene un sentido religioso, familiar y comunitario que forma parte de su vida más íntima. Cuando esta conversación se mira únicamente desde la operación o la productividad, se deja fuera una dimensión esencial de la experiencia humana.
Si una organización quiere realmente poner a la persona en el centro, no puede limitar su preocupación al sueldo, la operación o la productividad. También le corresponde resguardar las condiciones para que sus trabajadores puedan vivir de manera coherente con sus convicciones.
Dirigir personas también exige reconocer su integridad. Escuchar a los trabajadores antes de tomar decisiones en fechas de especial sentido religioso, ofrecer flexibilidad cuando sea posible y evitar perjuicios, no debiera verse como una concesión excepcional, sino como parte de una cultura laboral más humana.
Preocuparse por la dimensión espiritual no es salirse del rol de la empresa, sino comprender mejor el alcance real de su responsabilidad.
Enrique Cruz
Presidente USEC



