Señor Director:
Mientras el mundo mira con espanto el bloqueo del Estrecho de Ormuz y los ataques a las reservas de gas, en los campos de Ñuble empezamos a sentir el “tirón” en el bolsillo. No es solo el petróleo. La urea, pilar de nuestra agricultura, ha saltado un 30% en apenas días, superando los US$ 620 por tonelada. ¿Por qué? Porque el 30% del comercio global de urea pasa por ese estrecho y China ha cerrado el grifo para asegurar su propio consumo.
Chile tiene el talento para pasar de la dependencia táctica a la autonomía biológica. El uso de bacterias fijadoras de nitrógeno y la revalorización de residuos orgánicos ya no son experimentos, sino realidades. Iniciativas locales como Repsyclick, junto a referentes como Nativa o Trumando, demuestran que la I+D+i local sustituye insumos sintéticos con mayor eficiencia: hoy, 50 litros de un bioestimulante avanzado equivalen al aporte de nitrógeno de 100 kg de urea.
Históricamente, Ñuble ha sido la “cuna de héroes y artistas”. Pero en este siglo XXI, es momento de que nazcan aquí los “héroes de la sostenibilidad”. No necesitamos mirar afuera; el verdadero arte hoy es transformar nuestros recursos en bioeconomía circular. Atrevámonos a confiar en el conocimiento que brota de nuestro suelo.
Si fuimos capaces de dar al mundo libertadores y poetas, ¿cómo no vamos a ser capaces de producir el insumo que alimenta nuestra propia tierra? La soberanía alimentaria comienza por valorar lo que somos capaces de crear en casa.
Juan Roberto Sandoval Toro




