La lluvia no afecta a todos por igual y las crisis de precios tampoco. Las diversas realidades que coexisten en el mundo vitivinícola del Valle del Itata así lo demuestran. Mientras un puñado de productores está enfocado en la elaboración de vinos con denominación de origen, preferentemente embotellado y con proyección nacional e internacional, y un buen número también se ha especializado en la producción de uvas de alto estándar para clientes específicos; hay miles de pequeños viñateros que producen uva vinífera para la venta a granel, sin contratos, sujetos a las fluctuaciones de los precios del commodity tanto a nivel internacional como en el distorsionado mercado chileno.
Efectivamente, con pocos compradores de uva, donde básicamente existen tres grandes empresas nacionales que controlan el mercado con una participación abrumadora, se producen asimetrías en distintos ámbitos, entre ellos, en el acceso a la información. Es un oligopsonio con mínima competencia, donde la Fiscalía Nacional Económica ha detectado vulneraciones y prácticas reñidas con la libre competencia, y existen numerosas denuncias sobre distorsiones de precios y conductas monopólicas, como el abuso de posición dominante, principalmente presentadas por la Coalición Nacional de Viñateros, que reúne a organizaciones de las regiones vitivinícolas de la zona central.
Precisamente en estas páginas la dirigente Yenny Llanos, de Ñuble, apuntaba a la ausencia de una política de fomento para estos pequeños agricultores, pues, para estos usuarios de Indap el apoyo del Estado es principalmente asistencialista. En ese sentido, existe un cuestionamiento al impacto de las asesorías técnicas, pero en el fondo, hay una crítica más amplia a la forma en que los distintos gobiernos han abordado esta problemática económica, pero que también es social y cultural, porque la vitivinicultura es más que una actividad para miles de campesinos, muchos de la tercera edad. Para ellos es una forma de vida.
En las últimas décadas el estado ha promovido la asociatividad con el objetivo de aprovechar economías de escala y fortalecer la posición negociadora frente a los poderes compradores, con resultados acotados, como la conformación de cooperativas que son meras tomadoras de precios; también se ha incentivado la agregación de valor, impulsando la vinificación y la estandarización de la calidad, con avances importantes en un grupo reducido de productores que son un ejemplo para muchos; se ha potenciado la imagen de los vinos del Valle del Itata a través de concursos y actividades de difusión y promoción, que han tenido eco principalmente en los círculos especializados y consumidores de nicho; se ha intentado generar canales de comercialización, pero los esfuerzos parecen diluirse cuando se agota el subsidio estatal; se ha invertido en transferencia tecnológica, en extensionismo y capacitación, en investigación, en innovación y en innumerables diagnósticos; sin embargo, los resultados no han sido los esperados.
En una coyuntura fiscal que obliga a realizar ajustes, existe la oportunidad de revisar los recursos bien gastados y los mal gastados en iniciativas que debían apoyar a estos viñateros pero que tal vez terminaron apoyando más a asesores y entidades intermedias. Es una oportunidad de definir una estrategia que dé respuestas a una problemática socioeconómica que no se soluciona con asistencialismo, sino con una estrategia integral de fomento.


