Los grandes desafíos del país y el mundo no son necesariamente los grandes desafíos de la Región de Ñuble. Mientras la guerra en el medio oriente pone en riesgo la estabilidad económica global, la economía es uno de los principales ejes estratégicos sobre el cual se centrará la atención del nuevo gobierno. En este escenario, el efecto colateral puede poner en riesgo el financiamiento que requiere la inversión pública en infraestructura.
Para que Ñuble logre fortalecer su economía, resulta indispensable mejorar los sistemas de almacenamiento y distribución de agua, tanto para riego como para consumo humano. Los modelos de agricultura de contrato se presentan como una alternativa viable para el desarrollo de los pequeños agricultores, quienes pueden integrarse a la cadena de valor de la industria y acceder directamente al mercado de productos agrícolas. Para que este modelo funcione, es necesario que la tierra agrícola se adapte a las condiciones de mercado. Es decir, mantener una canasta diversificada de productos, aumentar el retorno de los cultivos y gestionar el riesgo asociado a las fluctuaciones de los precios y los factores meteorológicos. Las cosechas más tempranas suelen obtener precios más altos, mientras que las superficies con riego posibilitan una mayor variedad de cultivos y mejores rendimientos por hectárea.
El desarrollo agrícola está estrechamente vinculado con la mejora de la conectividad territorial, lo que facilita que la producción llegue en tiempo y forma a los mercados, tanto locales como internacionales.
La construcción de embalses para aumentar la capacidad de almacenamiento de agua y la inversión en caminos rurales para mejorar la conectividad requieren un compromiso significativo de inversión pública. El primer desafío radica en la voluntad del ejecutivo de asignar estos recursos en un contexto internacional complejo. Sin embargo, invertir en infraestructura puede generar un alto retorno, sobre todo ante la inestabilidad política y económica que afecta a economías desarrolladas en África, Asia y Europa debido a los conflictos en Medio Oriente. En este escenario, con la infraestructura adecuada y políticas que incentiven inversiones en la agroindustria, Chile puede aprovechar la ventaja de ser parte de un continente caracterizado por bajos niveles de conflicto.
El principal riesgo para atraer inversiones hacia Latinoamérica está en la influencia de países como Cuba, Venezuela y Nicaragua sobre los sistemas democráticos de la región. Actualmente, las acciones de Estados Unidos para debilitar los regímenes totalitarios en dichos países podrían estimular el interés internacional por invertir en países como Chile. Para que esto suceda, la inversión pública en infraestructura crítica debe ser la primera señal, permitiendo desarrollar la industria con ventajas comparativas, especialmente en el sector alimentario, donde la proximidad de la materia prima a la agroindustria es crucial. En este contexto, el desarrollo de la pequeña agricultura es una consecuencia lógica, dada la alta atomización de la propiedad de la tierra agrícola.
En resumen, la relación de Chile con el mundo debe ser pragmática y con una mirada de largo plazo. Estados Unidos y China pueden acelerar la transformación económica de la macrozona agrícola y sostener producciones de mayor escala. No tengo dudas que en dicha estrategia radica la llave maestra para lograr el desarrollo equilibrado de las regiones del país.
Renato Segura
Profesor Ingeniería Comercial USM

