Señor Director:
El inicio del año escolar vuelve a evidenciar una tensión de fondo en el sistema educativo chileno: aunque existe un marco legal sólido, su implementación sigue siendo insuficiente. Si bien la Ley General de Educación redefinió el rol del Estado hacia la equidad y la calidad, las reformas estructurales se continúan postergando, mientras las brechas persisten y se arrastran año tras año.
El Sistema de Admisión Escolar concentra hoy uno de los principales nudos. La falta de cupos en zonas de alto crecimiento ha obligado a miles de familias a aceptar colegios lejos de sus hogares, transformando la matrícula en un trámite y no en una garantía real. Así, cuando ir al colegio implica largos traslados, el abandono desde el comienzo de año deja de ser una sorpresa.
Aunque la deserción bajó a mínimos históricos, el ausentismo crónico avanza en silencio. En la práctica, uno de cada cuatro estudiantes falta de forma reiterada, especialmente en los sectores más vulnerables, empujado por la precariedad económica, la violencia escolar y una enseñanza media que muchos ya no sienten útil o significativa.
El verdadero desafío de 2026 se juega contra el calendario, pues marzo y abril marcan el rumbo del año escolar. Si la educación pública no se fortalece y si el sistema no logra retener a sus estudiantes desde el inicio, la exclusión pasará de ser una elección individual a una responsabilidad y falla colectiva. Y ese es un costo que el país no puede seguir postergando.
Andrés Flores Retamal
Espec.Téc. en Niñez World Vision Chile




