Son cerca de las 5 de la mañana y el ruido de los vehículos estacionándose, la descarga de mercadería, la instalación de los toldos, las conversaciones, las risas y la música en los autos interrumpen el sueño de los vecinos del sector de avenida Los Puelches.
Y esto pasa en todos y cada uno de los días sábado y domingo. Los supuestos días de descanso.
“Es molesto, claro que lo es. Pero esto es algo que viene desde fines de los 90. Ya ni me acuerdo”, explica Arturo, uno de los vecinos, quien se dispone a instalar un segundo letrero con la leyenda “no estacionar, salida de vehículos” en el portón de su casa.
Afuera -no adentro- tiene estacionado su propio auto. “Si lo guardo, ellos ponen los suyos y después no me dejan salir”, explica.
Habla bajo, como evitando que los comerciantes apostados en la vereda lo oigan. En la casa vecina, en la reja, hay colgada ropa a la venta. Algo parecido pasa en otras casas, con cajas, zapatos, juguetes o bolsos.
“No, a mí ya no me vienen a colgar cosas porque ya se los tengo prohibido. Y a los que estaban antes, los saqué a la mala porque me estaban poniendo clavos en el árbol para colgar sus cosas”, dice mientras apunta a un maitén que él mismo plantó en la entrada de su casa.
Dos casas más hacia el norte, hay una vivienda de dos pisos que está sin moradores. “Esa gente ya se fue. Ellos sí tuvieron problemas complicados con los ambulantes. Incluso vinieron varias veces los carabineros y una vez le apedrearon la casa”, relata.
Otros vecinos, en cambio, aprovechan la convocatoria flotante que genera este mercado ambulante y usan sus antejardines para improvisar su propia feria de las pulgas. Los locales de venta de comida y bebestibles también obtienen réditos de esto.
Y otros, incluso dentro de los pasajes a los que se accede por Los Puelches, suman más voces de cansancio.
“Es molesto. Tapan los accesos con sus cosas y usan nuestros pasajes para estacionarse. Ninguno de estos autos que usted ve aquí son de los vecinos. La verdad es que ni siquiera les compro porque quiero que se vayan. Yo voy a comprar al Persa, no les compro a ellos”, dice Enzo Godoy, vecino del sector.
Personal policial que patrulla el sector cuenta que mientras la gente sabe que están realizando rondas preventivas, los delitos y los problemas son casi nulos.
Declaran que a veces intervienen cuando los comerciantes discuten por problemas de espacio o cuando les denuncian algún robo.
“Es que ese es un tramo muy complicado para nosotros, porque estamos hablando de más de mil personas que, sin tener autorización de ningún tipo, se instalan allí. Muchos de ellos son personas complicadas, muy agresivas con nuestros inspectores y la verdad es que como municipio no tenemos las herramientas para ponerle fin a eso”, explica el alcalde Camilo Benavente.
Y todo esto, lo expone como ejemplo de contraste con lo que pasa cruzando la avenida Alonso de Ercilla, que es donde la avenida Los Puelches cambia de nombre a Diagonal Las Termas. Cambia la dinámica total.
No hay viviendas usadas como vitrinas, los espacios están bien delimitados, hay baños químicos y los comerciantes están todos autorizados.
La contingencia que existe respecto a este tramo es que desde este 1 de marzo debutó la medida municipal de subir a todos los locatarios a las veredas para despejar la calzada y así habilitar nuevamente la arteria para el tráfico vehicular.
“Claro que mejoró, eso era obvio. Antes me tenía que ir a dar las tremendas vueltas para ir al centro, o buscar pasajes para dejar mi auto cuando quería venir a comprar acá. Ahora paso de Río Viejo a Inglaterra en seis minutos”, explica Marcelo Tapia, residente del sector sur-oriente de Chillán.
Ojo con el barro en invierno
Cuando se les pregunta a los comerciantes de Diagonal Las Termas por esta iniciativa de instalarlos a las veredas, coinciden que -en materia de flujo vehicular- los resultados positivos saltan a la vista.
Sí hay diferencias de opinión respecto si ellos se han visto beneficiados.
Por ejemplo, Pamela Lagos dice que “los autos pasan bien, pero los clientes ahora andan todos apretados en las veredas, pasan apurados y al menos a mí, me bajaron las ventas un poco, pero la cosa es esperar a que la gente se vaya acostumbrando y se organice mejor para venir”.
En el caso de Franco Blasco, quien vende artículos de ferretería, apunta a que “al que le va bien es al que quiere que le vaya bien. Yo no he bajado las ventas, porque ya tengo como una clientela fija y que me conoce de hace tiempo”.
Respecto al flujo peatonal y vehicular agrega que “la calle se despejó totalmente. Y la gente también se tuvo que subir a la vereda, eso hace que el lugar se vea más abierto, más ordenado y hasta más limpio”.
Mientras que el comerciante René Acevedo, en cuyo toldo se venden objetos de segunda mano, agrega que “lo bueno es que la gente anda más ordenada y hay más espacio”.
Pero también hizo una advertencia que, de hecho, ya tomaron nota en la Municipalidad.
“Muchos de nosotros al subir a la vereda quedamos sobre superficie de tierra y ahora que hay sol no es problema, pero cuando lleguen las lluvias en invierno, vamos a quedar todos metidos en un barrial. Entonces creo que algunos van a querer volver a instalarse en la calle”.
Desde el consistorio, en respuesta, explicaron que se estima que ese tramo de tierra representa un área de unos 400 a 450 metros cuadrados, por lo que pavimentarlo no representa un desafío mayor, por el contrario, esperan poder ejecutarlo antes de los meses de lluvia.
Los Puelches y el centro
“La realidad de Diagonal Las Termas y Los Puelches, es muy grande y a la vez marca la diferencia entre lo que genera el comercio ambulante informal y el que, por el contrario, está autorizado para gente que está dispuesta a colaborar con nosotros y a seguir nuestras reglas”, dice el alcalde Benavente.
El jefe comunal, al igual que todos sus antecesores de este siglo, han intentado hacer frente a una realidad que, inicialmente, asomaba como una oportunidad para obtener recursos a emprendedores muy limitados en lo económico.
Crecieron con esa suerte de consigna de “al menos es trabajo honrado”, para comenzar a crecer de forma exponencial e invasiva llegando a ser la peor pesadilla para el vecindario.
Como no están organizados ni empadronados, nadie se hace responsable de la basura que dejan tras cada jornada y las disputas por espacios son cotidianas.
Sin embargo, el retirarlos a la fuerza se ha convertido casi en una suerte de chantaje emocional.
“Pero al poco andar hemos tenido ya denuncias por robo, riñas, venta de contrabando, de fármacos y todo tipo de incivilidades” enumera el alcalde, quien admite que “para nuestros inspectores es casi imposible fiscalizar ahí, porque son agredidos verbal y físicamente, por lo que no podemos mandarlos todos los fines de semana a ponerse en riesgo”.
En efecto, los patrullajes peatonales de la Inspección Municipal sólo se registran de Alonso de Ercilla al sur, dejando Los Puelches a Carabineros.
Aunque en la Municipalidad admiten que erradicar el comercio ambulante también ha sido complejo en el centro de Chillán y en el sector del hospital Herminda Martín, “hoy nuestro gran problema son Los Puelches”, remata.
La esperanza de generar alguna mejora radica en que “este Gobierno entrante ha prometido mejoras notorias en materia de seguridad. Esperamos que esta nueva delegación presidencial sí se atreva a tomar las riendas de este problema y en conjunto con Carabineros logren sacar este problema grande que tiene la ciudad”, concluyó el alcalde.




