Señor Director:
Cuando el receso escolar amplía desigualdades, no estamos ante un efecto inevitable, sino frente a una brecha previsible. La evidencia muestra que las vacaciones prolongadas profundizan las diferencias de aprendizaje —en particular en lectura—, con un impacto mayor en contextos de mayor vulnerabilidad. A esto se suma que, para muchas familias, el colegio cumple también una función de cuidado que se interrumpe durante el verano.
El objetivo, entonces, debiera ser que ningún niño enfrente este período sin espacios de protección y estímulo educativo. En Chile ya existen experiencias con resultados medibles y a bajo costo, como Leer es Poderoso, que este verano llegó a más de 2.500 niños gracias a la coordinación entre jóvenes voluntarios, personas mayores y actores de la comunidad.
Es un avance, pero insuficiente. El desafío ahora es que el Estado convierta este tipo de iniciativas en una prioridad de política pública y escale lo que ya funciona, para que no solo dependan de esfuerzos puntuales ni de aportes del mundo privado.
Anne Traub
Directora Fundación Familias Primero



