Señor Director:
A propósito de la conmemoración de un nuevo 27 de febrero, resulta inevitable recordar no solo la magnitud del terremoto y maremoto que afectó a nuestro país en 2010, sino también la enorme tarea de reconstrucción que vino después. Chile enfrentó una de las catástrofes más grandes de su historia reciente, con ciudades devastadas, infraestructura crítica dañada y miles de familias que lo perdieron todo.
En ese contexto, el gobierno del Presidente Sebastián Piñera asumió el desafío de liderar un proceso de reconstrucción que exigía sentido de urgencia, responsabilidad fiscal y capacidad de gestión. Más allá de las legítimas diferencias políticas, es justo reconocer que en pocos años se logró avanzar de manera significativa en la reposición de viviendas, escuelas, hospitales y obras públicas, devolviendo esperanza y estabilidad a cientos de miles de compatriotas.
La reconstrucción no fue solo material. También fue una señal de que, frente a la adversidad, Chile puede ponerse de pie cuando existe conducción, coordinación con el sector privado y la sociedad civil, y un compromiso claro con el bienestar de las personas. Esa experiencia dejó lecciones importantes sobre prevención, planificación urbana y resiliencia institucional que no deberíamos olvidar.
Conmemorar el 27 de febrero no es solo mirar al pasado con dolor, sino también valorar lo que fuimos capaces de hacer como país. La memoria debe servirnos para fortalecer nuestra unidad y recordar que, en los momentos más difíciles, el liderazgo y la buena gestión sí marcan la diferencia.
Gonzalo Retamal Montoya




