Los precios del trigo harinero decepcionaron a los productores esta temporada. En el caso del trigo duro (gluten sobre 30%), los valores pagados por los molinos de Ñuble cayeron 10% en comparación con la temporada 2024-25.
Dado que Chile importa cerca del 60% del trigo que consume, es tomador de precios, y según se ha explicado, el precio internacional ha caído como consecuencia de la acumulación de stocks. Otra variable ha sido el dólar, que, en 12 meses, ha experimentado una baja de 12%.
El problema se repite en las demás regiones agrícolas, donde muchos trigueros critican también el actuar de la molinería nacional, que paga a los productores chilenos un precio inferior al costo alternativo de importación.
La Asociación Gremial de Agricultores Unidos de Chile ha planteado que existe una distorsión persistente en la formación de precios, “particularmente por el incumplimiento del precio de mercado por parte de la industria molinera”, lo que ocurre en un contexto de mercado oligopsónico, es decir, donde existen pocos compradores y muchos vendedores.
Se trata del principal cultivo en Ñuble, a pesar de que la superficie viene cayendo de manera sostenida en las últimas décadas.
Desde la Asociación de Agricultores de Ñuble se ha exigido, año tras año, la necesidad de que la empresa estatal Cotrisa tenga un rol más activo en el mercado, con el objetivo de corregir aquellas distorsiones de precios, sin embargo, en las últimas décadas su papel ha sido prácticamente intrascendente en la formación de precios, lo que ha llevado a no pocos dirigentes a cuestionar su existencia.
Los distintos gobiernos, en tanto, han instalado mesas de diálogo de la cadena de valor trigo-harina-pan, sin resultados concretos.
La molinería, por su parte, ha hecho hincapié en la importancia de la calidad de la materia prima, un requisito clave para la industria panadera, sin embargo, advierten que el trigo nacional no ofrece una calidad homogénea, lo que plantea un desafío no menor, principalmente para los agricultores de menor tamaño.
En este debate se ha planteado el ejemplo de la agricultura de contrato que existe en otros rubros, como la remolacha, como un modelo a seguir para el trigo, sin embargo, dadas las exigencias de calidad específicas de la industria panadera, en un contexto de diversificación de la oferta y cambios de hábitos de los consumidores, podría resultar complejo de implementar.
Lamentablemente, mientras la cadena de valor siga exhibiendo las actuales asimetrías y no logre acordar mecanismos que introduzcan mayores niveles de certeza en el rubro triguero, la consecuencia más notoria continuará siendo la reducción de la superficie de trigo.
Si bien se trata de un conflicto entre privados, la importancia estratégica de los granos en la dieta básica de los chilenos exige un rol más activo del estado desde la perspectiva de la soberanía y la seguridad alimentaria. No se trata de ser proteccionistas o de fijar precios, sino de reducir los desincentivos a la producción de trigo, de investigar y combatir eventuales vulneraciones a la libre competencia y de fomentar el logro de acuerdos concretos entre los actores de la cadena que favorezcan a todos, incluidos los consumidores.




