Señor Director:
Los fines de semana, mientras algunos buscan silencio, otros levantan temprano la persiana de su única certeza: trabajar. En Diagonal Las Termas no se instala solo una feria; se instala una pequeña coreografía urbana donde el pan, la fruta y el saludo valen tanto como cualquier vitrina elegante.
La discusión sobre su continuidad es legítima, pero la tesis es clara: el problema no es la feria, es la falta de buena gestión. Son cerca de 400 feriantes autorizados, con nombre, rostro y familia detrás. No son una multitud anónima: son jefes y jefas de hogar que trabajan apenas 12 horas a la semana en ese punto y que, en su mayoría, limpian el espacio que usan. Eso no es desorden: es economía popular con reglas que pueden perfeccionarse.
Sí, hay congestión. Sí, hay molestias. Pero las ciudades no se diseñan solo para que los autos circulen rápido; también para que las personas puedan ganarse la vida con dignidad. Reordenar, fiscalizar, mejorar accesos y manejo de residuos es más sensato que borrar de un plumazo una fuente de ingresos y un punto de encuentro barrial.
La feria no es el obstáculo: es el síntoma de una ciudad viva, desigual y en movimiento. Y una ciudad que expulsa a quienes trabajan para que todo se vea más ordenado, termina viéndose más vacía.
Ricardo Rodríguez Rivas



