Señor Director:
Chile está a punto de registrar más fallecimientos que nacimientos. Es un hecho objetivo, no una consigna política. Sin embargo, cada vez que se proponen medidas para facilitar la vida familiar, flexibilidad laboral, conciliación trabajo–crianza, automatización de tareas duras, surge una oposición férrea desde asociaciones tipo sindicatos del empleo estatal.
Cabe preguntarse: ¿a quién se protege cuando se bloquean políticas que devuelven tiempo a las familias? ¿A los trabajadores reales o a estructuras de poder que se resisten a cualquier cambio?
Sin nacimientos no hay nuevos seres humanos que puedan educarse y capacitarse en los empleos del futuro, que será con IA y robots que harán los trabajos duros, repetitivos y poco considerados. Sin nacimientos, tampoco habrá Estado, empleo público ni sindicatos que representar. Defender rigideces laborales en un país que envejece aceleradamente no es defensa social, es negar la realidad.
El debate demográfico exige responsabilidad histórica. Facilitar que las personas puedan trabajar, criar y vivir con dignidad no debiera ser motivo de veto ideológico, sino un mínimo común civilizatorio.
Jorge Porter Taschkewitz




