El balance preliminar de la temporada de exportación de cerezas 2025-2026 realizado por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) arroja un escenario de ajuste en los volúmenes exportados y en los retornos que recibirán los productores, debido a una combinación de factores productivos y comerciales. Según el gremio, la temporada podría cerrar con cifras menores a las proyectadas originalmente, lo que obliga a agricultores y agentes del sector a repensar estrategias en medio de un mercado global cada vez más exigente y volátil.
A nivel nacional, Chile sigue liderando la exportación mundial de cerezas, con China como destino mayoritario —recibiendo más del 90% de los envíos— y una demanda que se mantiene alta pese a las señales de ajuste en la oferta. No obstante, la SNA reconoce que el ciclo actual ha estado marcado por condiciones productivas complicadas, costos de producción elevados y una competencia internacional que pone presión tanto en volúmenes como en calidades de fruta exportable.
El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, comentó a Emol que si bien durante esta temporada hubo menor volumen, condición y calidad de la fruta, los precios no han respondido como se anticipaba.
“Pensábamos que este calendario iba a ayudar más, pero no está ocurriendo en la magnitud esperada. Los precios están regulares, mejores que el año pasado, pero no como pensábamos que iban a estar”, sostuvo. Walker explicó que el mercado chino es cada vez más exigente y castiga aquellas variedades que no cumplen con los requisitos de firmeza, sabor y condición postviaje. “Hay variedades tempranas que salen antes, pero no tienen las condiciones organolépticas que exige el mercado. Nimba, Royal Dawn, Van, Lambert, Stella o Sweetheart no están dando resultado”, afirmó. En contraste, variedades como Santina, Lapins, Regina y Cordia continúan mostrando un mejor desempeño.
Este diagnóstico general del sector frutícola se condice con las advertencias que, desde hace meses, venían realizando los productores de Ñuble, una región que ha consolidado la cereza como uno de sus cultivos más dinámicos y estratégicos. En el corazón de esas advertencias estaban precisamente los temores respecto a rendimientos y retorno económico para los agricultores locales.
Productores de la zona aseguraron en diciembre y principios de enero que difíciles condiciones climáticas —como heladas, escasa acumulación de horas frío y lluvias durante etapas críticas del desarrollo floral— habían impactado negativamente en la producción de fruta, generando menores rendimientos e incluso abortos de flores que se traducen en menos kilos disponibles para exportación. Tales factores, unidos a la incertidumbre sobre precios, crearon un escenario complejo antes de que la temporada arrancara de lleno.
Según cifras locales, Ñuble concentra más de 3.000 hectáreas de cerezos, ubicándose como una de las zonas con mayor crecimiento productivo en el país. Sin embargo, esta expansión también ha tenido que enfrentarse a variables climáticas que, este año, se han manifestado con especial intensidad. En muchos huertos, productores han reportado frutos pequeños, calibres menores a los estándares internacionales y una calidad que podría limitar la competitividad de la fruta en los mercados más exigentes.
Estas advertencias locales, que combinan condiciones productivas retadoras y retornos económicos inciertos, se han materializado en un ajuste del estimado de exportaciones nacionales. La SNA apunta a que, si bien la cifra oficial de 131 millones de cajas proyectadas para la temporada continuaba siendo una referencia, las condiciones reales de cosecha podrían implicar una reducción significativa respecto a esos números iniciales, presionando sobre todo los retornos para los pequeños y medianos productores.
En Ñuble, los agricultores han manifestado que incluso antes de iniciar los envíos se podía advertir que no todos los cuadros frutales tendrían rendimientos óptimos. Productores como Elena Yáñez y Carlos González —de asociaciones agrícolas locales— han advertido que las condiciones de este ciclo no solo afectan el volumen sino que también inciden directamente en los ingresos por kilo exportado, explicando que muchos agricultores podrían enfrentar precios menores a los esperados ante un exceso de oferta global y una demanda china que cada vez busca fruta con más estándares de calidad.
Este contexto productivo ha reabierto en la región el debate sobre la diversificación de mercados y la necesidad de fortalecer estrategias de asociatividad entre agricultores, con el fin de mejorar el posicionamiento de la fruta ñublensina fuera de los canales tradicionales. Más aún, el ajuste de la temporada pone de relieve la importancia de políticas públicas orientadas a mitigar riesgos climáticos y apoyar iniciativas de innovación tecnológica en postcosecha y calidad de fruta.
Para los exportadores que envían fruta desde Ñuble —ya sea directamente o a través de circuitos logísticos regionales— el año 2026 se presenta como un ciclo de retos, en el que el equilibrio entre calidad, volumen y retorno se vuelve crucial. Al respecto, el análisis de la SNA sugiere que las perspectivas de largo plazo del sector siguen siendo positivas, aunque requieren una adaptación constante a nuevas realidades de mercado globales y a las condiciones productivas variables en el campo.




