Close

Innovación desde regiones

Mauricio Ulloa

El transporte público suele ser uno de los ámbitos donde se manifiestan con mayor claridad las brechas entre discurso y realidad, entre anuncios y experiencia cotidiana. Por eso, los avances que hoy exhibe Chillán en esta materia no son menores ni anecdóticos. La ciudad ha dado pasos concretos hacia un sistema de transporte más moderno, incorporando herramientas tecnológicas que mejoran la experiencia de los usuarios y que, además, la sitúan como referente a nivel nacional.

El anuncio de instalación de nuevos paraderos con sistemas digitales de información en tiempo real, que permitirán conocer los lapsos estimados de llegada de los microbuses, marca un nuevo hito en este proceso. Se trata de una iniciativa impulsada por la municipalidad y financiada por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, que considera una inversión cercana a los 465 millones de pesos y la habilitación de 24 zonas de parada, con distintos formatos según las características de cada sector. En puntos estratégicos, los paneles de información variable entregarán datos que hasta ahora solo parecían posibles en grandes capitales.

Este avance no ocurre en el vacío. Chillán ya había marcado un precedente cuando se convirtió en la primera ciudad del país en implementar el pago del pasaje en taxibuses mediante tarjetas bancarias, un sistema que permitió eliminar barreras de acceso. Resulta especialmente significativo que, mientras en regiones esta modalidad ya es una realidad, en Santiago recién se evalúa su incorporación al Metro y a los servicios ferroviarios, según anuncios realizados durante los últimos días.

La comparación no busca establecer una competencia artificial, sino relevar una idea que con frecuencia se pasa por alto: la innovación no es patrimonio exclusivo de la capital. Desde regiones también se puede liderar procesos de modernización, diseñar soluciones eficientes y convertirse en laboratorio de políticas públicas que luego escalen a nivel nacional. Chillán lo ha demostrado en el ámbito del transporte, desafiando la lógica centralista que suele asumir que todo avance debe partir desde Santiago.

Los nuevos paraderos no solo aportan información útil para los usuarios; también ordenan el sistema, mejoran la infraestructura urbana y dignifican el uso cotidiano del transporte público. Saber cuánto falta para que llegue una micro permite planificar mejor los tiempos, reduce la incertidumbre y refuerza la confianza en el sistema. En un contexto donde se busca incentivar el uso del transporte público por sobre el vehículo particular, este tipo de mejoras resulta clave.

Estos avances plantean nuevos desafíos. La mantención de los sistemas, la actualización permanente de la información y la correcta integración tecnológica serán determinantes para que el proyecto cumpla sus objetivos en el largo plazo. Del mismo modo, será fundamental que esta modernización continúe extendiéndose a otros aspectos del transporte urbano, siempre con foco en el usuario.

Lo que hoy ocurre en Chillán es una señal clara de que las ciudades intermedias pueden marcar pauta. En tiempos donde se debate cómo hacer más eficientes, sostenibles y amigables los sistemas de transporte, resulta pertinente reconocer que no todo debe nacer en Santiago. A veces, las mejores señales de avance vienen desde regiones, circulando por calles que, sin tanto ruido, ya están mostrando el camino

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Leave a comment
scroll to top