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Capital social en tiempos de catástrofe

Carabineros

Debido a su geografía, Chile es un país con alto riesgo de desastres naturales. Si bien algunos de ellos tienen un origen natural —como los terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas— otros tienen un origen antropogénico (es decir, son causados por la actividad humana). Los actuales focos de incendio, que han afectado a las regiones de Biobío y Ñuble, son un ejemplo de este último. Si bien las altas temperaturas tienen una influencia positiva en su ocurrencia, en la mayoría de los casos el fuego es iniciado por personas, ya sea en forma intencional o involuntaria.

Y pese a que las consecuencias del desastre producido han sido devastadoras en términos económicos, sociales, ambientales y de salud pública, su frecuencia e intensidad se han incrementado en los últimos años. Dada esta dinámica, el tipo de desastres ha alcanzado una dimensión “socio-natural” que es necesario comprender para establecer estrategias de prevención y manejo.

Ante este escenario, es imperativo preguntarnos: ¿Por qué algunas personas realizan estas acciones en detrimento de la sociedad? La teoría del capital social entrega algunas reflexiones para comprender la naturaleza de este problema. Esta teoría postula que, al igual que el capital físico y humano, los lazos, normas y relaciones de confianza al interior de las comunidades facilitan la cooperación y mejoran la eficiencia y el desarrollo económico de un país.

En primer lugar, en comunidades con lazos débiles o conflicto frecuente, los individuos enfrentan dificultades para alcanzar acuerdos e implementar estrategias de prevención (monitoreo) y contención, lo que puede ser aprovechado por quienes buscan generar siniestros intencionalmente. En segundo lugar, en ausencia de capital social, los individuos presentan comportamientos egoístas o antisociales, que les impiden internalizar las consecuencias de sus acciones en el bienestar (o malestar) de los demás. En tercer lugar, en contextos de ausencia de capital y fragmentación social, los individuos podrían presentar motivaciones antagónicas, dando lugar a un comportamiento oportunista.

Esta teoría permite entender algunas de las raíces sociales de este tipo de desastres, pero ¿qué predice respecto a su solución? Altos niveles de capital social fomentan el surgimiento de normas sociales, que establecen los comportamientos esperados en una sociedad, determinando qué es y qué no es aceptado. En el contexto de los incendios forestales, esto incluye el conocimiento de los potenciales riesgos, la práctica coordinada de acciones de prevención y el establecimiento de sanciones sociales a quienes intenten realizar siniestros. Los vínculos sociales, a su vez, hacen que las comunidades sean cohesionadas y sus esfuerzos complementen las labores de las autoridades. Esto es fundamental no solo durante la catástrofe sino también en la reconstrucción. Un estudio recientemente publicado señala que las comunidades con altos niveles de capital social en las comunas afectadas por los incendios de Viña y Valparaíso en 2023 y 2024 avanzaron más rápidamente con relación a las que presentaban bajos niveles. La tarea ahora es aprender de este ejemplo para facilitar el proceso post catástrofe.

Mónica Marcela Jaime Torres

Académica Escuela de Administración y Negocios

Universidad de Concepción

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