El incendio forestal que desde este domingo afecta a la Reserva Nacional Ñuble, en el sector Las Perdices, no es solo una emergencia operativa que moviliza brigadas, aeronaves y declaraciones de Alerta Roja. Es, sobre todo, una señal de advertencia respecto de la fragilidad de uno de los territorios más valiosos desde el punto de vista ambiental de la Región de Ñuble y del país. Un espacio donde la conservación no es un concepto abstracto, sino una tarea concreta, permanente y cada vez más desafiante.
La superficie preliminar afectada, hasta el cierre de esta edición 5,52 hectáreas, puede parecer acotada en términos numéricos, pero su localización al interior de un área silvestre protegida eleva de inmediato la gravedad del escenario. La Reserva Nacional Ñuble cumple un rol estratégico como corredor biológico de la cordillera, zona núcleo de la Reserva de la Biósfera declarada por la Unesco el año 2011, resguardando bosques nativos, cuencas hídricas y hábitats que sostienen a especies de alto valor de conservación. Entre ellas, el huemul, símbolo nacional y una de las especies más amenazadas de nuestra fauna.
Si bien desde Conaf se ha informado que no existen registros recientes o históricos de presencia de huemules en el sector específico afectado por el incendio, ello no debiera llevar a una falsa sensación de tranquilidad. La conservación de esta especie no se juega únicamente en los puntos donde ha sido avistada, sino en la integridad del ecosistema que la sustenta: bosques continuos, baja fragmentación, mínima perturbación humana y ausencia de eventos extremos como los incendios forestales. Cada hectárea dañada en la Reserva Ñuble debilita ese equilibrio.
La complejidad topográfica del Valle Las Perdices, con pendientes abruptas, condiciones de cordillera y difícil acceso, explica las dificultades del combate y refuerza la necesidad de un despliegue técnico altamente especializado, como el que lidera Conaf con apoyo de Senapred y el sistema regional de emergencia. La declaración de Alerta Roja para la comuna de Pinto es una decisión correcta y necesaria, que debe traducirse en respaldo irrestricto a quienes enfrentan el fuego en condiciones de alto riesgo.
Este incendio también debe ser leído en un contexto más amplio. Las temperaturas extremas, con máximas que superan los 34 grados por varios días consecutivos, ya no son episodios excepcionales. Son parte de una nueva normalidad climática que incrementa la probabilidad de incendios forestales y tensiona la capacidad de respuesta del Estado. En ese escenario, la prevención y el autocuidado dejan de ser consignas para transformarse en una responsabilidad colectiva.
La Reserva Nacional Ñuble no es solo un paisaje ni un atractivo turístico: es un reservorio de biodiversidad, un seguro ambiental frente al cambio climático y una esperanza para la recuperación de especies como el huemul. Contener el incendio es urgente; proteger el territorio, indispensable. Lo que hoy se queme no se recupera en décadas. Y lo que se pierda, probablemente, no vuelva.



