Señor Director:
Los incendios suelen asociarse a efectos negativos por el impacto que generan en la población, la pérdida de recursos materiales, la lesión o muerte de organismos vivos, con consecuencias directas sobre los ecosistemas.
Para su generación, se requiere al menos tres componentes: oxígeno, combustible e ignición. Para que se propague es necesario que el combustible corresponda a una alta biomasa vegetal, que exista una fuente de ignición, ya sea natural (como los rayos) o de origen antrópico, y que se presente una baja disponibilidad de humedad.
En ecosistemas mediterráneos como los del centro-sur de Chile, la mayoría de los grandes incendios son provocados por actividad humana, accidentales o deliberadamente.
Su propagación depende de muchos factores, como la topografía, características climáticas, tipo de suelo, además de las condiciones de sequía, presencia viento, la proporción de vegetación seca, entre otros.
En un mundo cambiante, donde la frecuencia de estas emergencias aumenta por efecto de la sequía asociada al cambio climático global y a la deforestación causada por la actividad humana, pueden convertirse en una amenaza real a la biodiversidad de los ecosistemas. Comprender su peligrosidad en su frecuencia, causas y consecuencias es fundamental.
Las personas tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro entorno y participar activamente educando, para que las futuras generaciones protejan la biodiversidad y favorezcan el desarrollo de los sistemas ecológicos naturales.
Katerin Farías
Académica Instituto de Ciencias Naturales UDLA




