La actividad económica en Ñuble, medida por el Producto Interno Bruto (PIB), creció 1,8% en el tercer trimestre del presente año, en comparación con igual periodo de 2024; según reveló el Banco Central esta semana.
Según el ente emisor, el incremento del tercer trimestre se explicó por los servicios, principalmente los personales, y por la industria manufacturera, impulsada por el rubro forestal y los alimentos. El consumo de los hogares, por su parte, creció 3,1%, con aportes de todos sus componentes. También contribuyó el mayor consumo de servicios, impulsado por los servicios personales y el transporte.
Y si bien la economía de Ñuble creció por sobre el promedio nacional de 1,6%, las cifras muestran una desaceleración de la actividad durante el año, luego de anotar variaciones de 3,4% en el primer trimestre y de 3,9% en el segundo trimestre.
En otras palabras, la economía regional se está ajustando a su PIB tendencial, en torno al 2,0%, una cifra mediocre que no permite aspirar a mejores niveles de empleo e ingresos.
Nunca se debe perder de vista que la región necesita alcanzar tasas de crecimiento mucho mayores para acortar la brecha de desarrollo que tiene con gran parte del país. Es decir, para que el promedio de ingresos de los hogares de Ñuble se acerque más rápido al promedio nacional, la región tendría que crecer a tasas sobre el 7% anual.
El PIB tendencial corresponde al potencial de crecimiento de la economía a partir del uso eficiente y sostenible de los factores productivos, como el capital y el trabajo. En ese sentido, el cálculo del PIB tendencial refleja la tasa de crecimiento sostenible a largo plazo de la economía, una vez eliminados los shocks cíclicos y estacionales.
Hoy, Ñuble no está creciendo en todo su potencial, pues hay factores productivos ociosos, lo que confirman los altos niveles de desempleo y subutilización laboral.
Para que la economía regional pueda crecer más, entonces, es fundamental potenciar factores productivos como el capital y el trabajo, poniendo énfasis en la atracción de inversiones de agreguen valor a la producción, en la inversión en infraestructura habilitante y, por otro lado, en la capacitación y especialización del capital humano.
En la medida que la región no experimente grandes cambios en su matriz productiva y no incorpore nuevas tecnologías en los procesos productivos, su tasa de crecimiento potencial no podrá superar el 2,0% y se mantendrán deprimidos indicadores socioeconómicos clave, como el empleo y los ingresos; lo que perpetuará a Ñuble como la región con la mayor tasa de pobreza.
Analistas locales, como Renato Segura, vienen planteando hace años que, si se concentran los esfuerzos en desarrollar la ruralidad, las tasas de crecimiento serían holgadamente el doble que los actuales niveles. Pero ¿qué significa desarrollar la ruralidad? Brindar servicios básicos a las comunidades rurales e infraestructura clave en materia de energía, conectividad y agua, de manera de generar las condiciones que favorezcan las inversiones y permitan frenar el éxodo de jóvenes de los campos.
En ese contexto, la generación de políticas públicas que potencien sectores estratégicos, como la agricultura, la agroindustria y la actividad forestal, entre otros, así como de incentivos específicos que permitan atraer inversiones que agreguen valor, son caminos deseables para que la región pueda acelerar el tranco.


