Señor Director:
El 8 de marzo llega en un momento inquietante para Chile y el mundo.
Mientras millones de mujeres recuerdan décadas de lucha por derechos básicos (vivir sin violencia, decidir sobre sus cuerpos, participar en igualdad en la vida social y política), vemos crecer discursos que relativizan estos avances y buscan presentarlos como excesos o “ideologías”.
El avance de la extrema derecha en distintos países ha traído consigo intentos por limitar derechos reproductivos, negar la violencia dengénero o desacreditar al feminismo. No es un fenómeno aislado: es parte de una reacción frente a los cambios que han permitido ampliar la democracia y cuestionar desigualdades históricas.
La historia demuestra que ningún derecho está garantizado para siempre.
Cada conquista social puede retroceder si la sociedad deja de defenderla.
En este nuevo 8M, más que una fecha simbólica, enfrentamos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos dispuestas/os, como sociedad, a permitir que derechos conquistados con décadas de lucha se debiliten, o tendremos la convicción de defender una democracia donde la igualdad no sea negociable?
Javiera Lara Peña
Directora Ejec. Fundación Somos Ñuble


